
Así de cálido y mortal, salvaje y animal, como el abrazo de un oso. Que no te deja respirar, de tan poco sutil, que es cruel y es infantil.
Así de torpe, así de fiel, igual te arranca la piel. Y aunque prometa ser gentil, como un panal de miel, es pegajoso e infernal.
Total... tampoco es culpa de él: así de empalagoso, así de crudo, es su cariño de animal. Apenas se parece –en lo sentimental– a este boluro meridional.
Y te lo juro: este son tan informal que brota como un manantial del corazón de quien no quiere hacerte daño. Al contrario: esta canción, que se escribió recién, viene a desearte puro bien para este nuevo año.