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Grandes Amaestradores de Psiquiatras

El Jardín Inglés

El Jardín Inglés

Dios me perdone por la traducción libre de este párrafo de Josep Pla (Cabotatge mediterrani, 1956) a la que me he atrevido sólo por entretenerte.

En Palermo, tengo una debilidad: el llamado Jardín Inglés. Es lo primero que visito. Es un jardín típico de final de siglo, casi diría típico de una novela finisecular, con una avenida de árboles, parterres a los lados, arbustos recortados, caminitos y florcitas. Es fabulosamente burgués, cursi, simétrico y geométrico. Se ve pasar a una niña vestida de color de rosa, jugando con el aro, y a una señorita pálida, lánguida, falda hasta los pies, cintura de avispa, mangas de bullón; un señor de sombrero de copa y levita, con una barbita rubia, de aspecto preocupado y dubitativo. No se ve, ni se escucha, ningún pájaro. En Italia no hay pájaros. Se los han comido todos. ¡Son tanta gente! En los rincones del jardín –los más recónditos– se encuentran columnas de mármol con un busto humano admirablemente esculpido encima. Representan los grandes hombres insulares. No están todos. Si estuvieran todos los que Sicilia ha producido, apenas cabrían. Han tenido que limitarse a poner los grandes sicilianos de la época del jardín y sólo los dedicados a las artes y las bellas letras. Me encuentro con una agradable novedad: con la cabeza de Pirandello, que era de Agrigento. Lo miro un instante. Cae un chaparrón. Siento las gotas de lluvia tamborileando sobre el techo fúnebre de mi paraguas. La lluvia se escurre sobre el cráneo, las mejillas, la barbita de notario provincial de Pirandello. Es un busto muy realista, que me da claramente la impresión de que Pirandello se siente francamente molesto de la humedad que le cae encima. Como se encuentra a dos palmos de mi persona, lo cubro con mi paraguas y lo libro de la lluvia que va cayendo. Al cabo de un rato veo que la piel se le enjuga, que las facciones se le animan, que le vuelven los colores a la cara… El chaparrón se aclara, veo venir a un guarda del jardín (uniforme de color tostado) por un caminito, pienso en el interrogatorio inevitable al que seré sometido; cierro el paraguas y prosigo el camino.

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1 comentario

Dios -

Estás perdonado, Hijo.
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