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Grandes Amaestradores de Psiquiatras

Se viene la buena nueva

Se viene la buena nueva

Hola, amigos. A mi correo electrónico acaba de llegar esta misteriosa cadena enviada, ni más ni menos, que por la Virgen María. Como habla de temas muy importantes, he decidido compartirla con todos ustedes.

Queridos hijos:

Sonreíd, alegraos, poneos a saltar de felicidad porque se viene la buena nueva. Tan buena es la nueva que, cuando se la transmití por medio de una de mis siervas al anterior papa Juan Pablo II, el Santo Padre se puso primero amarillo, después blanco, después violeta, después azul, después devolvió el yogur que había desayunado y a continuación… Dios se lo llevó consigo.

La buena nueva consiste en que Nuestro Señor, en su inmensa misericordia, permitirá que el granizo, las inundaciones, los terremotos, las enfermedades, la guerra, la delincuencia, el pánico, la desesperación, toda la discografía de Julio Iglesias y muchos otros males que mi imaginación no puede concebir (pero que si pudiera no dudaría en agregar a esta lista) destruyan la Tierra poco a poco. Mi Hijo es bueno, pero cuando se pone cabrito…

Seguidamente, ocurrirá lo peor. Estén atentos a las señales: ocurrirá en una noche muy muy pero muy oscura y muy muy pero muy fría en todo el mundo. Esta señal será difícil de reconocer en las partes de nuestro planeta en que sea invierno y de noche, pero en las que sea verano y de día constituirá un indicio inconfundible de que se acerca el fin.

De repente, la tierra empezará a temblar como si se hubiera desencadenado un terremoto –lo que será normal porque se habrá desencadenado un terremoto de la Hostia–; los domicilios de los malvados se derrumbarán, pero los de la gente piadosa se mantendrán milagrosamente en pie –por ejemplo, si un testigo de Jehová vive en el piso 25 y un maldito comunista en la planta baja del mismo edificio, la planta baja se derrumbará y en el piso 25 seguirán viendo Sex in the City sin enterarse de nada–; el eje de la Tierra se desplazará primero 30º a la derecha, después 60º a la izquierda, después 90º hacia arriba, después 120º hacia abajo y, para finalizar, retornará a su posición inicial. Un tercio de la humanidad morirá del mareo, y los que sobrevivan se pasarán el resto de sus días tomando Sal de Fruta Eno.

Acto seguido, vendrán tres días de oscuridad en los que es muy importante que sigáis estrictamente estas recomendaciones: Encerraos en vuestros hogares y clausurad puertas y ventanas; encended velas que hayan sido bendecidas únicamente por sacerdotes preconciliares o compradas en negocios que pertenezcan a miembros del Opus Dei; si alguien del exterior os pide entrar, haced oídos sordos, y si lo intenta por la fuerza, procuraos un objeto contundente y golpeadles con saña en sus partes nobles –al golpear, debéis procurar hacerlo con el corazón abierto y henchido de solidaridad, porque no podrán sobrevivir los faltos de caridad hacia el prójimo y los que no se amen unos a otros, como mi Hijo os ha amado.

No se os ocurra asomar la cabeza al exterior. No seáis curiosos. Dios es muy vergonzoso y no le gusta que los justos le miren cuando da rienda suelta a su ira divina y se dedica a despanzurrar a los pecadores, prefiere que los acontecimientos sigan su curso normal y que parezca un accidente.

Además, durante esa noche de horror, deambularán por las calles tenebrosas seres oscuros, alados y gomosos que intentarán pasaros el porro y daros besos con lengua.

Vosotros, encerrados en vuestras casas, no la podréis ver, pero esa noche aparecerá en el cielo una gigantesca cruz formada por luces de colores –los judíos verán una estrella de David– y debajo la inscripción «The End», lo que quiere decir que habrá llegado el fin de los tiempos.

Por eso os digo que, si sois gente piadosa, copiad este mensaje y enviadlo a todos vuestros contactos. Si así lo hacéis, viviréis felices en el Cielo toda la eternidad.

Si sólo enviáis este mensaje a diez personas, sobreviviréis al Armagedón.

Si al menos se lo enviáis a cinco, el Señor sólo os torturará un poquito y trabajaréis de empleadas domésticas (con cama adentro) durante los nuevos tiempos que se avecinan.

Si sois unos malvados descreídos y no reenviáis este mensaje, os pasaréis toda la eternidad escuchando conferencias de Ana Botella.

Por otro lado, aunque no seáis creyentes, no me vais a decir que no tenéis algún amigo evangelista que le va el rollo de las profecías con mala leche y le gusta sufrir, enviadle este mensaje y por lo menos os aseguraréis de que no pueda dormir por un mes, que también tiene su gracia ¿no?

Estáis avisados.

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8 comentarios

isabelbarcelo -

Querido amigo:Ha pasado tanto tiempo desde que anunciaste el fin del mundo sin que hayas vuelto a decír ni pío, que temo te haya pillado tí solito. Si aún sigues vivo, por favor, ¡manifiéstate!
Un abrazo

ana -

Por favor, no dejen que cante Julio Iglesias, destruyan el mundo mucho antes.
Ah, y la nieve sólo es blanca antes de que mis niñas salgan a pisarla. Por cierto, con este calor, ¿para cuando un amago de destrucción? Lo digo por aquello del frío polar anunciándola, que no nos vendría mal.
Un saludo.

isabelbarcelo -

Me gusta mucho ese fin del mundo. Y más todavía que avises para que podamos rectificar. Aunque...¿quién querría hacerlo?
Una idea estupenda.

piripi -

el comentario esta en mi web.
saludos
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depende

¿de qué color es la nieve?
pregunta
(y
la cara se congela mientras sangra)

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Alí Segunda -

VER EL LADO POSITIVO DE LAS COSAS SIEMPRE ES BUENO…
Las cosas deben influirte hasta cierto punto. El fin del mundo es de relativa importancia, y puede convertirte en una persona menos conflictuada con tu entorno. Un entorno en merma pierde su invasividad en proporción directa con su paulatina disgregación y/o desaparición. No todo lo que dejamos de poseer nos perjudica, muchas veces carecer de un paisaje excesivamente barroco y recargado ayuda a nuestra capacidad de concentración. Podrás ser más tú mismo en la medida en que seas en menor medida parte de un universo que te abarque e incluya. Detente a pensarlo por un momento… ¿dónde estarás mejor que en la nada? (extractado del libro “Tu eres el dueño de tu ombligo” de Nicanor Costa Méndez, Editorial Viruela, Barquisimeto, Venezuela, 1998)
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